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UN GRAN DÍA...
Y llegó el gran día, el de la concreción de un
largo sueño que se había postergado a través de
muchos años.
El miércoles 11 de diciembre de 2002, con las últimas
luces del atardecer, comenzó el partido que nos separaba de dicho
sueño.
El trámite fue con el correr de los minutos inexplicablemente
adverso. Sólo era otra jugada del destino que quería coronar
el ascenso de Imperio a primera división con un toque de hazaña.
Todo estaba listo, revertimos la condición de visitantes a puro
grito y banderazo. Gritos de aliento ensordecedor, desordenados e improvisados.
Y gritos en forma de himno que hacía erizar la piel al escuchar
a toda la gente corearlo como a una canción sagrada. Sin duda
el sentimiento ahí expresado habla de cómo sienten los
chicos del club.
Pero el partido se escapaba, los nervios acallaban a muchos de nosotros
con la íntima promesa de una revancha en Cesar Díaz para
el próximo partido desempate. Pero ellos, ni enterados.
Ellos, los jugadores y sus incondicionales de la barra. Ellos seguían
cada uno con lo suyo, sabiendo como se ganan los partidos, sabiendo
cual es el secreto para dar vuelta un partido increíble.
Sin dudas fueron necesarios tanto unos como otros. Podrían invertir
los roles, seguramente con el tiempo lo harán ya que en esos
tablones que aguantaron miles y miles de saltos estaba quizá,
el semillero de nuestro club.
Los jugadores sabían, la barra también sabía, el
partido, se ganaba. Y sacaron pecho, grito a grito desde un lado, cerrando
la defensa desde el otro. Alentando, embocando. Juntos, contagiándonos
a todos, haciéndonos pasar el susto, haciéndonos vivir
el sueño de primera división.
No alcanzaron 40 minutos. Tampoco alcanzarán los años
para borrar el recuerdo de esta hazaña increíble. Gracias
a todos.
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