La Teoría del saldo

Valgan las siguientes reflexiones considerando que la inmensa mayoría de hinchas de Imperio aman a todos los atletas que representan a la Institución.

Ahora bien, los lectores accederán a estas líneas, de seguro, pasado el 23 de junio de 2005. Último y definitivo juego entre San Antonio y Detroit.

Esa noche, algunos gustadores del básquetbol habrán ratificado, según el resultado, sus predicciones esbozadas antes de iniciarse la serie final y enrostrarán con mayor o menor virulencia y/o jocosidad sus conocimientos del hermoso deporte a quienes aseveraban que el Campeón sería el otro.

¿Qué es en realidad lo que debemos extraer como síntesis, conclusión o moraleja de lo que hemos visto durante siete noches-madrugadas que resulte enriquecedor, positivo, fundamental para Imperio Juniors?

En primer lugar que ninguno de los que participaron en el juego, excepto Emanuel Ginóbili, representará a equipo local alguno. No interesa mucho

Segundo que Ginóbili es uno de los mejores jugadores del mundo, aún cuando difícilmente, sea MVP. Es interesante.

Tercero que el mundillo basquetbolístico internacional por el campeonato mundial, las olimpíadas y la vigencia de Ginóbilli y otros, mira a la Argentina con ojos muy abiertos. Es bastante interesante.

Cuarto y lo realmente esencial, "la forma" del bahiense para diferenciar el circo, como el mismo dice, del juego en sí, de la pasión por el básquetbol que "debe" sentir el que lo juega. Incorporar, en la reubicada biblioteca del club, casi como lectura obligatoria, para ser consultada por los jugadores de Imperio, las declaraciones vertidas por Emanuel Ginóbilli durante la serie, cuanto menos. Transmitir los dirigentes, entrenadores y profesores la humildad, solidaridad, responsabilidad, compromiso y sacrificio de Emanuel Ginóbili en beneficio del equipo. Un ejemplo? en declaraciones al Diario Clarín dijo que el no mira sus números. O sea, si el equipo pierde, de que sirva que un jugador haga treinta y pico de puntos.

Si ganó Detroit o San Antonio es secundario. Lo fundamental es extraer como experiencia la hombría de bien, la seriedad y la honradez intelectual de Emanuel Ginóbili. Lo dicho por cuanto, si bien lo tocó una varita mágica otorgándole un excelso talento para jugar un deporte y eso ocurre con muy pocos, no es menos cierto que dejando todo en la cancha, sea en entrenamientos o partidos, para colaborar con el equipo, se disimularán unas cuantas carencias individuales al tiempo que se obtendrán resultados imposibles de obtener a partir de los remilgos, protestas, individualismo, acuse de mínimas lesiones, reproches a entrenadores por el tiempo que tiene en cancha a un jugador y todo lo que GINOBILI NO HACE.

No hay dos personas iguales no podemos ni queremos clonar Ginóbilis. Simplemente tratamos de decir que independientemente del nivel de juego lo esencial es el compromiso con él, con el grupo del que se forma parte y con el club (no está pasado de moda el ser hincha de IMPERIO).

Por Enrique Toscano