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Una
reflexión sobre el Mini básquet
Desde hace más de diez años que trabajo
para el Comité Sudamericano de Minibásquet y el Comité
Argentino de Minibásquet de la Confederación Argentina
de Básquetbol como instructor. He dictado cursos de capacitación
en casi toda América y en casi todo mi país.-
En todos estos años, al hablar del Minibásquet siempre
aparece la misma pregunta:
¿Deberían los niños hacer un Minibásquet
competitivo?
Y esta pregunta me la han hecho estudiantes, entrenadores, dirigente
y padres. No importa el lugar dónde estoy, la pregunta vuelve
y vuelve.-
Mi respuesta ha ido variando a través de los años. Cuando
comencé como monitor de Minibásquet a los dieciséis
años, la respuesta era “si, debe ser competitivo”
(¡la inexperiencia de la juventud!).-
Unos años después, a medida que me fui capacitando a través
del estudio y la experiencia mi opinión fue cambiando. Luego
de pensar bastante en el tema y de responder a esta pregunta cientos
de veces, me queda una reflexión:
¿Qué nos pasa a los adultos?
¿Es que acaso nos resulta tan difícil comprender que el
niño necesita crecer sano física y mentalmente? ¿Qué
no necesita que le traslademos nuestras frustraciones, nuestra necesidad
de acrecentar nuestra propia autoestima, nuestra “imperiosa obligación”
de escalar posiciones sociales de cualquier tipo a costa de cualquier
cosa?
El niño, querido amigo, necesita crecer sano y feliz.-
En este mundo tan difícil, dónde las carencias económicas,
sociales y afectivas están a la orden del día, la niñez,
ese preciado tesoro, ese hombre del futuro, se está formando.-
Depende de nosotros, los adultos, padres dirigentes y maestros, saber
ayudarlo a crecer.
Sus necesidades, a veces, no son compatibles con nuestro “marketing”.-
El niño necesita del juego tanto como del estudio y del afecto.
No necesita la frustración de una derrota que los adultos no
sabemos cómo sobrellevar, pero tampoco necesita de un triunfo
sobredimensionado.-
El niño necesita jugar, simplemente jugar, y a través
de ese juego aprender. Aprender el lenguaje de su cuerpo, aprender a
ser compañero, a compartir, a ganar y a perder...
Dentro de estos cánones la competencia no es mala, de hecho,
el niño desde que sale del vientre de la madre está compitiendo.
Competir adecuando las circunstancias a las necesidades y posibilidades
del niño no es malo.-
Todo este proceso el niño debería asumirlo con naturalidad,
como algo más dentro de su vida, algo lindo, algo útil,
algo que forma parte del juego.-
A edades tempranas el niño no está preparado emocionalmente
para recibir las presiones de los adultos. Su autoestima va de la mano
de la opinión que sobre él vertimos los adultos, su entorno,
los personajes que influimos sobre él. El ganar o perder forma
parte de su vida, pero no debe determinarla a tal grado que lo condicione.-
Han pasado los años y he cambiado la pregunta:
¿Deberíamos los adultos hacer Minibásquet competitivo?
La respuesta es “no”, porque somos los adultos los que no
sabemos, en muchos casos, poner los límites necesarios a esa
competencia, tornándola estresante, desgarradora, imbécil.-
¡¡Dejemos a los niños crecer!!
Por
Carlos Pampanini
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