Estamos en el camino.
Varias veces se planteó la conversación: ¿El
club, es una guardería? y algunos más duros querían
dilucidar si era o no un depósito de niñas/os.
A la luz de la experiencia y alguna que otra reflexión que vamos
aprendiendo por allí, concluimos. EL CLUB DEBE SER, GUARDERIA,
DEPOSITO, HOGAR...Todo, todo lo que haga que los menores estén
dentro y no fuera de éste tipo de organizaciones. Incluir, contener,
escuchar, estimular, libertar conciencias y sentimientos a efectos que
surjan librepensadores imbuidos de un alto grado de solidaridad y respeto,
sobre todo ante la diversidad que compone al universo social.
Debe ser una alternativa a todo lo contaminante que hay afuera y brindarles
a los más jóvenes, los elementos necesarios para que sepan
conducirse, en el exterior. No es demasiado exigente el trabajo.
No obstante ello y propendiendo al bienestar y buen crecer de los "locos
bajitos", vale la siguiente nota publicada en Clarín
el 12 de octubre del corriente.
RECOMENDACION DE LA ASOCIACION AMERICANA DE PEDIATRIA
Dicen que los chicos deben tener más
tiempo libre para el juego espontáneo, les
permite explorar, manejar los miedos, compartir, negociar y resolver
conflictos.
EN TOTAL LIBERTAD, hay que darle al chico la oportunidad
de organizar el tiempo propio.
Un informe de la Asociación Americana de Pediatría (AAP)
de los Estados Unidos insta a los padres y a los médicos a
incrementar el juego libre con "juguetes verdaderos", y
a reducir tanto las actividades programadas de los chicos como los
entretenimientos pasivos. Los expertos destacan que la pérdida
de tiempo libre, sumada a un estilo de vida acelerado, puede originar
estrés, ansiedad e incluso depresión.
"El juego libre se vincula
con la construcción de la imaginación y del pensamiento
del chico", explica Esteban Levin, psicólogo
y psicoanalista especializado en niños. Le permite explorar
un mundo que puede llegar a dominar, manejando sus miedos mientras
practica roles adultos, a veces junto con otros niños y otras
con los adultos que los cuidan.
La AAP recuerda que indirectamente,
el juego espontáneo ayuda a aprender a actuar en grupo, a compartir,
a negociar y resolver conflictos, a descubrir las áreas de
interés. Destaca que "el juego no estructurado puede ser
una forma excepcional de incrementar la actividad física".
Pero al mismo tiempo advierte que "incluso una clase
estructurada de educación física puede no ser tan beneficiosa
como un recreo con juego libre".
Sin embargo, muchos chicos tienen menos
tiempo libre y menos válvulas de escape físicas en la
escuela. A esto se suman las exigencias extracurriculares, puestas
en un contexto hipercompetitivo, para preparar a los niños
y a los adolescentes para el ingreso a instituciones educativas muy
rigurosas.
Al programarles su tiempo libre, algunos
padres se basan en sus propios estándares laborales de eficiencia
y productividad, lo que se denomina "profesionalización
de la paternidad". La AAP insta a los pediatras a recalcar a
los padres que para ser exitoso o competente, un chico no necesita
sobresalir en todas las áreas.
En la Argentina, esto tiene su equivalente
en chicos de familias con mayores ingresos. "Lo que surge es
el aburrimiento: tienen variedad de programas recreativos pero no
saben qué hacer, siempre están a la espera de
que los adultos les organicen algo", indica la psicoanalista
Alejandra Marroquín, coordinadora docente y supervisora del
Centro Dos.
Los pediatras estadounidenses advierten
que el juego libre no es lo mismo que el entretenimiento pasivo mediante
la televisión, los videojuegos y los de computadora,
cuyos efectos pueden ser nocivos. "Entretenimiento es
tener al niño haciendo algo. No significa imaginar, ni pensar,
ni construir sus propios juguetes, sus propias imágenes",
discrimina el licenciado Levin.
Un aspecto que conspira contra el juego
espontáneo es la inseguridad: en muchas comunidades, los chicos
no pueden estar fuera de la casa sin la supervisión de un adulto.
Esto se agrava con la falta de tiempo de los padres, por razones laborales
o tareas domésticas.
"En el deseo de tener un
hijo tiene que estar incluido el tiempo a ceder. Esto significa
darle la chance de que el chico pueda organizar el tiempo propio,
sostenerle ese espacio sin pautárselo —observa la licenciada
Marcela Aguirre—. Tiempo para traer a un amiguito, por ejemplo,
o para compartir un juego en la plaza con un chico al que ve por primera
vez".
"No es cuestión de cantidad
sino de calidad. No se trata de comprarle juguetes ni de que vaya
a talleres de juego —señala Marroquín—,
sino de acompañarlo a que pueda armar algo desde lo lúdico,
de posibilitar un auténtico encuentro".
Parte de la interacción más
rica tiene lugar en esos lapsos no programados, señala la AAP.
"Se transmite la herencia simbólica, la necesidad de compartir
—apunta Levin—. Se trata de la actitud: mientras la mamá
hace las milanesas, puede darle pan rallado y agua, armar el ambiente
para ensuciar. En ese espacio de intimidad se estructura la esencia
de lo infantil".